La primera impresión que tuve de Alicia fue que me pareció una chica exuberantemente linda, cada vez que la veía sonreír me inspiraba una mezcla de bondad, ternura y placer. Todo en ella me llamo la atención desde el primer instante en que la vi: su cabello, su nariz, sus labios, su figura, su look, sus zapatillas "Converse", su forma de caminar, pero sobre todo sus ojos que reflejaban una mirada sensual que encontré tremendamente irresistible, bastaba ver esos ojos color caramelo monterrico (marrón oscuro) por un instante para sentir esa tranquilidad y paz después de la tormenta. Aparte de ello, habían algunos 'defectillos' por ahí que la hacían más humana, menos mal. Por ejemplo, una pequeñita cicatriz en su nariz, que encontré también irresistible y sexy.
Aquel mes que estuvimos en la misma clase fue un mes en el cual todo cambió e hizo que todas las tonterías que había hecho antes de conocerla, cobraran sentido y significado. Por algo habrían de ocurrir. De no hacerlas, lo más probable es que no me hubiese llegado a matricular en aquella clase. En tanto que, mi vida después de ese mes se dividiría en dos, un antes de Alicia y un después de Alicia. No volvería a hacer el mismo de antes, nada sería igual, gran parte de mi vida cambiaría, mis dogmas darían un giro de 360 grados; por ejemplo, mis dogmas en relación al amor. Debo confesar que, antes que Alicia llegara a mi vida, estaba comenzando a dudar de la existencia del amor y de mi mismo como ser capaz de amar, ya no creía en el amor y mucho menos a primera, segunda, tercera o cuarta vista. Lo consideraba un error, manifestaba con énfasis entre mis amigos que era imposible que un hombre y una mujer llegasen a enamorarse con tan solo mirarse. Además, la verdad sea dicha, si bien anteriormente había tenido una par de enamoradas, fue cualquier cosa menos amor.
Pero todo cambió, y de un chispado y un flechazo. Mis ideas sobre el amor se fueron derechito al diablo cuando vi por primera vez a Alicia. Por accidente o azares del destino encontré en la clase 406 (ese es el número del aula en el que llevamos el curso) aquello que hasta el momento había buscado en todos lados y nunca había encontrado. Hubo varias ocasiones en las que decidí tirar la toalla, rendirme y no buscar más. Pero como yo estoy destinado, ya es una ley inexorable en mi vida, a que la cosas que planeo y busco incansablemente, o nunca se cumplan o nunca las encuentre, terminé encontrando, accidentalmente y cuando menos me lo esperaba, en esa clase lo que por años había estado buscando sin ningún éxito.
Haciendo gala de mi infinita estupidez, casi tiro a la basura la única oportunidad que me había dado la vida de poder conocerla, mejor dicho si la llegué a tirarla a la basura.
[[Me acuerdo el último día de clases, en el cual nos entregaban los resultados de los exámenes finales. Era el último día que la vería; de modo que, estaba dispuesto a vencer cualquier temor y hablar con ella sea como fuese, sí o sí (no lo había hecho en todo el ciclo por cobarde y huevón). Y no solamente era hablar con ella de cualquier disparate que se me ocurriese, sino además pedirle algún correo o teléfono, lo cual ya era demasiado osado, atrevido y peligroso, ella podía captar el mensaje (de que me gustaba) y mandarme al diablo sutilmente dándome un teléfono o correo fraguado. Pero, que más me quedaba, tenía que hacerlo.
Así que comenzó la clase, fui el primero en recibir sus resultados (catastróficos) y salí del salón. Entonces, me quedé afuera a esperar a Alicia a que saliera, para abordarla y hablar con ella. Como se demoraba en salir, decidí ir al baño, iría lo más rápido posible para no perderla de vista. Terminé, y cuando llego al salón para ver si seguía ahí, me doy con la sorpresa de que ¡YA NO ESTABA!, se había ido. Pregunté a todos alguna pista de su paradero, pero nadie sabía nada. Busqué por todos lados, pero se había ido, y para siempre. Me deprimí horrores, me amargué y renegué de mi mismo, me increpaba que era un imbécil consagrado un LOSER mayúsculo. Jamás la volvería a ver, o las probabilidades que otra vez nos encontremos eran microscópicas. La oportunidad que me había dado la vida de poder conocerla la había tirado al tacho de basura.
Ya no podía hacer nada, tenía que resignarme a este fatídico destino. Jamás sabría lo que hubiese ocurrido si le hubiese hablado. La vida jamás de los jamases me perdonaría este pecado de omisión. El hecho de no haber hecho algo, que debí hacer y podía hacerlo, pero que por cobarde no lo hice y lo deje pasar, me deja una sensación de angustia espantosamente terrible y dolorosa. Los arrepentimientos no cuentan, ya estaba perdido ya no había forma de recuperarla y encontrarla.
Necesitaba hablar con alguien, de manera que llamé a mi amigo Daniel. Le conté el infortunio, y me confirmo lo huevón y bestia que había sido, tenía razón. Me dijo, que si en verdad sentía algo especial por ella, que la buscara y que ya me dejara de huevadas. Pero eso era imposible, hasta ese momento no sabía más de ella que tan solo su primer nombre: Alicia. Finalmente, Daniel me dijo, que hiciera lo que quisiera, pero que me dejara llevar por lo que dice mi corazón e intuición, lo demás era secundario incluso su opinión. Después a modo de subirme el ánimo me dijo:
Fue entonces que me desahuevié y puse en marcha mi plan de búsqueda de Alicia. Tenía que recuperarla, tenía que buscarla por cielo, mar y tierra de todo el Perú; y así lo hice.]]
Luego de aquel encuentro casi celestial, que cuento al inicio de este relato, y después de conocer un poco más a Alicia durante un par de meses, llegué a la conclusión de que había llegado a una etapa en mi vida en la cual estaba en problemas, y muy graves: me estaba empezando a enamorar de ella. Un momento, como demonios podría saber si era amor si nunca antes me había enamorado de verdad, ¿Qué era eso? ¿Cómo saberlo? ¿Estaba realmente enamorado de ella? No había forma, si recién la conocía, era absurdo. Ni hablar, no era amor, sino una simple ilusión adolescente. Sin embargo, no había forma de saberlo. Seguro ya se me pasaría, y otra vez volvería a mi estado natural de soledad. Pero no fue así, pensaba en Alicia y en esa sensación todo el tiempo, no podía ignorarlo. Finalmente, me di cuenta de que ya no había escapatoria, ya era demasiado tarde, aquel mal, aquella ilusión se había dispersado por todo mi organismo afectando principalmente mi cerebro y corazón, era irreversible, ya no podía controlarlo.
Así que ya luego de un par de meses de hablar y salir con Alicia, decidí actuar. Lo haría con cautela, paso a paso, poco a poco, trataría de ir llenando poco a poco la piscina en la cual iba a hacer un clavado olímpico. Y decirle lo mucho que me gustaba y lo perdidamente enamorado que estaba de ella. Debo admitir, que no sabía muy bien estos avatares del flirteo (por no decir nada) y podía pecar de torpe.
Era consciente que no todo podía ser tan romántico, pues existía un riesgo. De no llegar a ser correspondido, sufriría y bastante, así como conocería lo que es el amor, también sentiría, por primera vez, lo que era el dolor y el sufrir por amor. Pero no me importaba, me arriesgaría. De manera que, decidí jugarme el todo por el todo, apostar todas mis fichas, jugarme todas mis acciones en esta aventura descabellada con Alicia. Era un locura, las posibilidades de ser correspondido, creía yo, en ese momento eran como de 10 en un millón. Pero confiaría en que todo saldría bien. "Preocuparme no debía" como diría mi cuy mágico.
Continuará....? a lo mejor no...

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